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jueves, 29 de marzo de 2012












Razones para la integración de las EEAASS en la Universidad

Las enseñanzas artísticas superiores y su integración en la universidad (II)

Documento de trabajo, documento de debate

Manuel F. Vieites

ESAD de Galicia
Universidad de Vigo

Quienes apostamos por la integración universitaria, por la integración en el sistema universitario, o por la integración en la universidad, , coincidimos en que la finalidad está clara (universidad) pero debemos analizar bien el cómo, es decir, los procedimientos. Hay quien entiende que esa vía a la universidad todavía puede pasar por los “Institutos Superiores” o por las “Universidades de las Artes, pero lo cierto es que ese tren está en vía muerta, y más en las actuales circunstancias socioeconómicas y en un momento en que ya se empieza a hablar de “fusión de universidades”.
Para nosotros, la cuestión está en definir adecuadamente las dos fases del proceso: adscripción e integración.   
Pues bien, este documento fue elaborado hace algunos meses, antes de que se hiciesen públicas las sentencias del Tribunal Supremo. Fue escrito a cuatro manos para ser presentado en varias instancias, pero se coló por medio la primera sentencia y luego las demás. En estos momentos en que las sentencias nos sitúan al borde del abismo, no estaría de más considerar muchas de las razones que aquí se exponen, porque todas ellas siguen siendo válidas.  
A lo largo del último mes y medio hemos hecho acopio de razones y argumentos muy básicos para mostrar las ventajas de la integración universitaria y los inconvenientes de la situación actual, y los peligros que nos pueden abocar las maniobras dilatorias de quienes no desean cambio alguno, de quienes quieren que todo siga igual. Otras personas como Víctor Pliego de Andrés han generado documentos con una enorme enjundia sobre el tema. Creo que ya sobran argumentos, y que debemos pasar a una segunda fase. La fase de la acción y de la negociación. En breve la Plataforma por la Integración hará públicos varios documentos señalando la hoja de ruta. Venceremos.


I. Los centros superiores de EEAA ante el EEES

La publicación en el Boletín Oficial del Estado del Real Decreto 1614/2009, de 26 de octubre, por el que se establece la ordenación de las enseñanzas artísticas superiores reguladas por la Ley Orgánica 1/2006, de 3 de mayo, de educación, indica con claridad que dichas enseñanzas deben converger en el Espacio Europeo de Educación Superior al tempo que se produce una equiparación plena con las enseñanzas universitarias salvo en lo relativo a los estudios conducentes a la titulación de Doctor/a. Posteriormente el Ministerio de Educación publicó varios reales decretos, RD630/2010, RD631/2010, RD632/2010, RD633/2010, RD634/2010 y RD635/2010, que establecían aspectos básicos del currículo de las enseñanzas de Grado en Arte Dramática, Música, Danza, Diseño, Artes plásticas (cerámica y vidrio), y Conservación y Restauración de Bienes Culturales. [Esto ha cambiado, pero sigamos adelante]

Ambos documentos, el RD 1614/2009, y el correspondiente RD de aspectos básicos del currículo, trasladan a los centros educativos y a su profesorado y alumnado una serie de funciones vinculadas con la integración de las enseñanzas en el EEES y debidas al hecho de que los centros superiores de enseñanzas artísticas tengan una oferta educativa de grao y master (doctorado en colaboración con universidades) y deban asumir funciones y responsabilidades vinculadas con la creación y la investigación. Así, el RD 1614/2009, establece en su preámbulo que:

“(...) los centros de enseñanzas artísticas superiores deberán disponer de autonomía en los ámbitos organizativo, pedagógico y económico y corresponde a las administraciones educativas impulsar y dotar a dichos centros de los recursos necesarios para garantizar el cumplimiento de los principios que sustentan el nuevo espacio común europeo”.

Por otra parte, tanto el RD 1614/2009, como los respectivos Reales Decretos de cada una de las enseñanzas artísticas superiores anteriormente citados, recogen la dimensión investigadora que corresponde a los estudios de grado y master de estas enseñanzas, bien sea en los mismos centros para los estudios de master o en convenio con las universidades para los estudios de doctoramiento. A este efecto, los centros superiores de enseñanzas artísticas, nos dice la norma antes citada, fomentarán el desarrollo de “programas de investigación científica y técnica”  y se integrarán en el “Sistema Español de Ciencia y Tecnología”. Casi nada.

Igualmente, en razón de la normativa precitada quedan homologados los procedimientos para la verificación y acreditación de títulos, sistemas y procedimientos de evaluación periódica de la calidad, movilidad de alumnado y profesorado, o formación del profesorado, según procesos, así como metodologías y líneas de trabajo propias del EEES.

En definitiva, estamos ante de todo un conjunto de funciones y responsabilidades que sitúan a los centros de enseñanzas artísticas superiores, a su profesorado y a su alumnado, sin olvidar lógicamente al personal de administración y servicios, ante tareas y funciones homólogas  a las que se describen para el ámbito universitario en virtud del RD 1393/2007 de 29 de octubre, por el que se establece la ordenación de las enseñanzas universitarias oficiales, así como en toda la legislación derivada. Está claro que con el actual marco normativo, los centros de enseñanzas artísticas superiores, no pueden ni asumir ni desarrollar tales tareas y funciones cos criterios de exigencia y calidad que se le requieren desde la propia norma, considerando cuestiones relativas a infraestructuras, equipamientos, recursos, financiamiento y normativa.

La puesta en marcha desde el curso 2010/2011 de los nuevos grados en las enseñanzas artísticas superiores, supuso un ejemplo del compromiso y de buen facer por parte de los centros, en tanto que este proceso de implantación de enseñazas homólogas en su estructura y funcionamiento a las universitarias, se está realizando con rigor encomiable. Pero el voluntarismo no puede suplir con carácter permanente la necesidad de adaptar el funcionamiento y estructura de los centros a las necesidades de enseñanzas que son universitarias a todos los efectos.

Hay que resumir los varios ámbitos en que la implantación de los nuevos grados afectando decisivamente, a través de los planes de estudios, el funcionamiento de los centros que los imparten.

  1. El curricular, en tanto se establecen currículos adaptados a una nueva normativa que propone un cambio importante en el desarrollo de procedimientos de enseñanza y aprendizaje, evaluación, tutorías y otras áreas de trabajo.
  2. La organización, en tanto un nuevo modelo de currículo, asentado en ocho cuatrimestres y con una variación de las convocatorias de exámenes (febrero, junio, julio), exige una adecuación del plan de organización docente, que afecta a la jornada laboral del profesorado.
  3. Las funciones y as responsabilidades del profesorado, que imparte docencia en títulos de grado y master (tal vez doctorado), lo que implicará un alto nivel de especialización. Igualmente dirección de proyectos de fin de grado, de fin de master, de doctorado.
  4. La movilidad del profesorado y del alumnado, sobre todo atendiendo a programas como Erasmus Mundus.
  5. Los derechos del alumnado, aspecto considerado muy pocas veces, que debieran ser equiparados a los de sus compañeros/as de universidad en todos los niveles, equiparación que los centros no pueden asumir.
  6. La transición a la vida activa, en tanto la eficacia de los títulos se medirá por la empleabilidad de sus titulados, lo que exige personal especializado en promoción de empleo.
  7. La garantía de calidad, en tanto los títulos y los centros deben superar procesos gestión de calidad, según diversos programas desarrollados por la ANECA y otras instancias.
  8. Los medios y los recursos (materiales y humanos) con que debe contar un centro que aspire a dar una formación de calidad en la senda de la excelencia pero también de la empleabilidad.

 II. Las alternativas para la adaptación de los centros de enseñanzas artísticas superiores al EEES.

Dado que estamos ante un escenario inédito, en el que es preciso aplicar en el mejor sentido los criterios de innovación que tanto se predican en estos días respecto  a los campos científico y de la gestión, parece oportuno proveer una reflexión a modo de argumentario, en relación con las alternativas que se han ensayado, así como de otras posibles aún tímidamente esbozadas, y de sus posibles ventajas e inconvenientes.

Para facer frente a eses nuevos retos algunas Comunidades Autónomas pusieron en marcha Institutos Superiores de Enseñanzas Artísticas, mientras que en otras consideran que tal vez la mejor solución sea la de trasladar estas enseñanzas superiores a la Universidad, en virtud de lo que establece el artículo 58, apartado 4, de a LOE. Además, entre los partidos políticos con representación parlamentaria crece el convencimiento de que esta última sería la mejor solución. No debemos olvidar que el Partido Popular ya reclamaba esa inclusión en la Universidad en su programa electoral de 2008, o que Izquierda Unida presentaba en la pasada legislatura una pregunta parlamentaria en la que se reclamaba esa misma inclusión. No faltan también los centros y las comunidades que abogan porque todo siga igual, pero no vamos a considerar aquí las posiciones inmovilistas… En consecuencia, considerando posibilidades, habría dos vías:

1.       Crear en cada comunidad autónoma un Instituto Superior de Enseñanzas Artísticas, siguiendo el ejemplo del documento Embid Irujo, y mejorando el modelo de Instituto de la Comunidad Valenciana que no ha podido dar respuesta a las problemáticas antes señaladas. En suma, convertir el Instituto Superior, o ISEA, en una Universidad de las artes.
2.       Integrar las enseñanzas que nos ocupan en las Universidades atendiendo a su actual distribución territorial y/o a criterios de reparto de titulaciones en su caso. Es esta una opción que dependerá de las Comunidades Autónomas.

La primera opción presenta en estos momentos problemas evidentes, en función de la situación económica, en tanto que non deja de ser una institución redundante porque vendría a ser una “nueva” universidad pública, y con un número de alumnos/as realmente bajo. En efecto cabría decir que:

  • Supone, de facto, crear una nueva estructura académica muy semejante, o idéntica incluso, a la de una Universidad. Sería, como dijimos, una especie de Universidad de las artes, con los costos económicos que implica, si queremos que cuente con los mismos recursos que otras universidades. Y para un número muy reducido de usuarios, no lo olvidemos.
  • Supone crear una estructura institucional y administrativa redundante y muy gravosa en momentos especialmente delicados en el plano económico, y que dispersa recursos. Pensemos por ejemplo e la Oficina Erasmus, presente ya en todas las Universidades, o en los Departamentos de Calidad, ya existentes.
  • Exige unos plazos relativamente largos en su tramitación parlamentaria, con independencia de la necesaria memoria económica.

La segunda opción presenta sin embargo más ventajas e incluso mayor facilidad de implementación en virtud de la normativa existente. Como se dijo, la LOE, en su artículo 58, apartados 4 y 5, establece que:

Las Comunidades Autónomas y las universidades de sus respectivos ámbitos territoriales podrán convenir fórmulas de colaboración para los estudios de enseñanzas artísticas superiores regulados en esta Ley.

Igualmente nos dice que:

Asimismo las Administraciones educativas fomentarán convenios con las universidades para la organización de estudios de doctorado propios de las enseñanzas artística.

Tampoco podemos olvidar la disposición adicional vigésimo segunda de la LOE, que dice:

En el supuesto de que en el proceso de ordenación de la enseñanza universitaria se definieran en el futuro títulos que correspondan a estudios regulados en la presente Ley, el Gobierno, previa consulta a las Comunidades Autónomas, prodrá establecer el oportuno proceso de transformación de tales estudios.

Así pues, el gobierno, en la propia LOE tiene las claves para resolver el problema, transformando los estudios y convirtiéndolos en universitarios. NO se requieren grandes desarrollos. Apenas unas líneas.

Por parte de la legislación de ámbito universitario, la LOU, en su artículo 11.3, establece que los centros que se adscriban a universidades mediante el procedimiento que la propia Ley Orgánica prevé, pasarán a regirse por esa norma orgánica (LOU) además de las propias de la universidad que sean de aplicación en cada caso. Como experiencias previas de adscripción, baste citar entre las más recientes en Galicia, las de las enseñanzas superiores deportivas (INEF), Enfermería, Ingeniería Naval (Escuela Militar de Marín), Relaciones Laborales, etc. Estamos por tanto ante procesos que han sido realizados con éxito, lo que garantiza su viabilidad en el marco normativo existente.

Otro argumento a tener en cuenta tiene que ver con el hecho de que el proceso de adscripción supone una mejor adaptación a la realidad social, institucional y académica do los centros de enseñanzas artísticas superiores y a su demanda de una equiparación real con las facultades y escuelas universitarias:

  • No sería necesario crear una estructura de coordinación de los centros, ni asumir los costes de su puesta en marcha: equipo de dirección, espacios, personal, equipamientos, gasto corriente...
  • Los centros superiores de enseñanzas artísticas podrían aprovechar todos los servicios centrales de la universidad que comparten todas sus facultades, sobre todo las que se vinculan con procesos de administración y gestión, lo que permitiría que los órganos de gobierno y coordinación de los centros se ocupasen de funciones más propias de la gestión diaria y de la coordinación educativa.
  • No sería necesario iniciar un trámite parlamentario para crear nuevas instituciones (como sería el caso de los Institutos de Enseñanzas Artísticas Superiores), y tampoco sería necesario elaborar normativas posteriores. Los centros podrían adaptar las normas universitarias a sus especificidades como de hecho hace cada facultad o escuela.
  • Supondría en consecuencia un ahorro considerable de tiempo y de energías, que se podrían orientar en otra dirección.
  • Podría hacerse una adscripción equilibrada atendiendo al actual reparto geográfico de los centros de enseñanzas artísticas superiores en relación co mapa de titulaciones de cada comunidad.

III. La falacia de los Institutos Superiores

Se comenta que la figura de los Institutos podría ser una solución, sin embargo la práctica demuestra que los ISEAs actuales no son ni de lejos universidades de las artes, sino simples unidades de gestión de centros pues:
  • El alumnado sigue sin tener los mismos derechos que el alumnado universitario. 
  • El profesorado sigue siendo profesorado en cuerpos del mismo nivel y complemento de destino que los cuerpos de secundaria. 
  • Los centros siguen siendo centros de secundaria que se rigen por una normativa de secundaria.
  • La dirección de los ISEAs, a diferencia de las universidades, no recae en personas procedentes del ámbito de la docencia en los centros, sino que se trata de cargos de libre designación.
  • Los medios y recursos de los centros siguen siendo los de siempre.
  • El financiamiento de los centros sigue siendo el de siempre. 
  • Ni los centros son reconocidos como centros de investigación ni su profesorado tiene el estatuto de personal docente e investigador (PDI en la universidad).

Insistimos en que los ISEAs no dejan de ser unidades de gestión, que lo único que hacen es generar una estructura propia para la gestión pero que en ningún caso tiene las competencias de una universidad en el plano académico, por la simple razón de que el profesor Embid Irujo al proponer Institutos Superiores lo que estaba proponiendo en realidad eran auténticas universidades de artes, siguiendo el ejemplo de las politécnicas.

IV. Una hoja de ruta para el procedimiento de la adscripción.  

La Consejería de Educación, en el uso de sus competencias, y en aplicación de lo dispuesto en el artículo 58 da LOE, podría determinar que en la Comunidad Autónoma que fuese, las enseñanzas artísticas superiores, mediante acuerdo con las universidades, se adscribiesen y se impartiesen en el espacio universitario: estudios de grado  y de posgrado (master y doctorado).

Parece importante insistir en que se trata de una posibilidad establecida por la propia LOE, que permitiría que la Consejería de Educación solucionase un problema real con escasos costos económicos y con un considerable superávit social, sobre todo porque sobre todo los padres, las madres, y el alumnado de los centros superiores valorarían positivamente la medida, dadas las mejoras como: prestigio, residencias, becas, bonobús, comedores, bibliotecas, servicios de todo tipo..., cuestiones que el alumnado reclama a día de hoy, a veces incluso con vergüenza y timidez, sin que nadie le pueda dar respuesta.

Evidentemente como en todo proceso, existen también problemáticas a superar y cuestiones que deberán ser negociadas para un traspaso ordenado e beneficioso por las partes implicadas: Consejería de Educación, Universidades, comunidades de los centros superiores y agentes sociales. De acuerdo con las experiencias previas similares comentadas, se podría imaginar un posible cronograma para el proceso, articulado en dos fases:

  • Una primera de adscripción mediante decreto, de cuatro años de duración, que iría desde el inicio del proceso, el 1 de septiembre de 2012, hasta el 31 de junio de 2016.
  • Una segunda de integración plena a partir del 1 de julio de 2016, que se completaría en julio de 2017.

La propuesta de un período de adscripción obedece a la necesidad de afianzar pasos, y de realizar las adecuaciones necesarias en los centros para su plena integración posterior, desde las que afectan al personal hasta las que afectan a las estructuras organizativas. Igualmente, se hace necesario un tiempo para que los centros puedan consolidar o reorientar líneas de actuación muy importantes en su sector de referencia: convenios, acuerdos, planes de formación, programas de extensión cultural, publicaciones, etc.

En esa primera fase de adscripción los centros pasarían a regirse por la norma de funcionamiento que prevé el artículo 11, aparado 3, de la LOU, antes citado:

Los centros adscritos a una universidad se regirán por lo dispuesto en esta Ley, por las normas dictadas por el Estado y las Comunidades Autónomas en el ejercicio de sus competencias, por el convenio de adscripción y por sus propias normas de organización y funcionamiento. El comienzo de las actividades de los centros adscritos será autorizado por la Comunidad Autónoma.

Consecuentemente, procedería la elaboración de un Decreto de adscripción, conveniado entre Consejerías y Universidades, en el que se detallase:

  • El centro o centros de enseñanzas artísticas que se adscriben a una universidad, y las titulaciones que se imparten en el mismo o mismos.
  • El régimen de funcionamiento del centro o centros, de acuerdo con la adaptación al funcionamiento habitual de una escuela o facultad universitaria, y los plazos y pasos de adaptación a la normativa propia de la LOU en todos los ámbitos contemplados por ésta.
  • La determinación de los recursos materiales y humanos, su titularidad y responsabilidades, así como la adscripción (y los procedimientos para realizarla) del profesorado perteneciente a los cuerpos que tienen la competencia docente en las enseñanzas artísticas superiores, de acuerdo con lo dispuesto en la legislación vigente. Igualmente, se determinaría:

a.    El régimen económico del centro o centros, y la responsabilidad del pago de nóminas del personal  y de dotación de funcionamiento durante el período de adscripción, que sería a cargo do titular actual (Consejería de Educación).
b.    La adecuación de la jornada laboral del profesorado de acuerdo con los criterios de especialización y calidad propios de las enseñanzas universitarias, así como la equiparación de niveles: 26 para profesorado no doctor y 27 para profesorado doctor.
c.     El reconocimiento de la capacidad investigadora del profesorado que esté en posesión de los requisitos establecidos por la LOU.
d.    Los plazos y condiciones para la incorporación dentro de los cuerpos docentes universitarios del profesorado que reúna los requisitos precisos, en el momento de la integración, así como el mantenimiento del que proceda en cuerpos a extinguir. El plazo propuesto es de cinco cursos académicos desde la adscripción para el profesorado funcionario.

Durante el período de adscripción, se debiera constituir Comisión de Seguimiento dependiente de la Secretaría o Dirección General de Universidades de la Consejería, con participación de la administración educativa, universidades, centros adscritos y agentes sociales. La comisión supervisaría el proceso de integración progresivo. Igualmente se elaboraría una memoria en la que se determinarían de cara a la integración definitiva las necesidades de cada centro.

Valoración final.

Las medidas que se proponen en este informe son posibles, factibles, recomendables y deseables, en la medida en que contribuirían, de forma notable, a situar las enseñanzas artísticas superiores en el marco más adecuado para garantizar su plena integración en el EEES y el cumplimiento de los retos que esa convergencia presenta.

El procedimiento descrito, que puede ser mejorado sensiblemente, tiene ventajas evidentes para las instituciones y los sectores implicados, y presenta muy pocos inconvenientes en comparación con otras alternativas, y por otra parte esos inconvenientes son fácilmente superables. Este documento propone en síntesis, una solución global a una problemática que afecta principalmente a los centros superiores de enseñanzas artísticas, pero, por extensión, a toda la sociedad.

Días después de haberse conocido las sentencias del Tribunal Supremo que declara nulos varios artículos del RD 1614/2009, este documento recuperado se nos antoja totalmente adecuado a las circunstancias actuales.

domingo, 18 de marzo de 2012

Razones para la Integración de las EEAASS en la universidad













Las enseñanzas artísticas superiores y su integración en la universidad (I)

Documento de trabajo, documento de debate

Manuel F. Vieites

ESAD de Galicia
Universidad de Vigo

Es un poco largo, el documento este, pero vale la pena llegar hasta el final. Contiene argumentos de peso, o eso entiendo yo, a favor de la integración de las EEAASS en la universidad. Y hay otros trabajos en el apartado Let's University. No dudes en consultar la sección si buscas más madera.


HACIENDO HISTORIA

La Ley Orgánica 1/1990, de Ordenación General del Sistema Educativo, trajo consigo la equiparación de las enseñanzas artísticas a las enseñanzas universitarias. Su consideración de enseñanzas de grado superior supuso un gran paso adelante que, sin embargo, no fue acompañado de pasos similares orientados a lograr una equivalencia a todos los efectos de los centros, del profesorado y del alumnado. En efecto, la LOGSE, pese al avance evidente en el campo de las titulaciones, generó un grave problema todavía sin resolver, el hecho de que unas enseñanzas de grado superior a todos los efectos se impartan en centros de secundaria.

Mientras eso ocurría, la universidad, ya con la Ley Orgánica 11/1983, de 25 de agosto, de Reforma Universitaria, vivía una importante transformación. Se ampliaba el mapa de titulaciones, se incorporaban enseñanzas con un claro perfil técnico y/o tecnológico y las aulas se llenaban de alumnos y alumnas que, por primera vez en la historia de España, contaban con ayudas, becas, residencias y numerosas oportunidades que garantizaban el derecho a la educación y la ansiada movilidad social. Pero también crecían los equipos de investigación que permitían que en numerosos departamentos se potenciasen líneas de trabajo a las que se incorporaban los egresados y se potenciaban igualmente los estudios de tercer ciclo. Y eso permitió un considerable auge de investigaciones y estudios en el campo de las disciplinas artísticas; música, teatro, danza...

Varios artículos del Título II de la LOGSE, dedicado a las “enseñanzas de régimen especial”, ya señalaban algo que recupera la LOE, el que las administraciones educativas pudiesen desarrollar estudios de tercer ciclo vinculados con las artísticas superiores. Sin embargo, el desarrollo normativo que habría requerido la LOGSE en relación con esas enseñanzas de régimen especial que ofrecía titulaciones equivalentes a una licenciatura o a una diplomatura universitaria, jamás se llevó a cabo. Tampoco con la LOE.

Esa equivalencia curricular a todos los efectos, no acompañada de otras equivalencias (que generó carencias múltiples en cuanto a organización de centros, profesorado, alumnado, instalaciones, financiamiento, autonomía, investigación…), provocó diversos movimientos en los centros superiores. Sin duda el más destacado fue aquella petición que ACESEA realiza al profesor Embid Irujo para que emitiese un informe en relación con la ubicación de las enseñanzas artísticas de grado superior. El informe emitido en 1997 fue ejemplar, y de él deriva la idea de la creación de una nueva institución educativa, el Instituto Superior de Enseñanzas Artísticas, que vendría a ser como un espacio universitario específico para las enseñanzas artísticas superiores, del mismo modo que antes se habían creado “universidades politécnicas”.

El profesor Embid Irujo, en su informe de 1997, proponía, en definitiva, la promulgación de una Ley Orgánica para la organización de las Enseñanzas Artísticas Superiores. Y se puede decir que aquel Informe suscitó la admiración y un enorme consenso en los centros en relación a su idoneidad. Pero la dicha Ley Orgánica nunca pudo ser, incluso tampoco fue cuando en algunas comunidades autónomas se crearon Institutos Superiores, que muy lejos de ser universidades, se convirtieron en simples negociados para la coordinación y la gestión de centros. Pues, en definitiva, pese a la existencia de la marca ISEA, la situación en los centros sigue a ser la misma: espacios de educación secundaria con títulos superiores. Y es que un ISEA nunca será una universidad. Para eso hay que repasar, con calma y serenidad, el Informe del profesor Embid Irujo, y, al tiempo, leerse, con calma y serenidad, la Ley Orgánica de Universidades en sus versiones de 2001 y 2007. Para empezar, recordar que la máxima autoridad de un ISEA no sería un director/a general nombrado por la autoridad política, sino un “rector/a” elegido democráticamente por la comunidad educativa. Es decir, son las comunidades educativas las que deciden, algo que incluso ahora no está ocurriendo cuando directores y directoras toman posición y decisiones en asambleas sin haber consultado antes a sus comunidades, en ocasiones incluso ni siquiera facilitando que las cosas se analicen y debatan. Grave, muy grave resulta ese proceder.

El Informe Embid Irujo, insistimos, era ejemplar, pero, sin embargo, si bien en el ámbito de sus fundamentos académicos y administrativos era incontestable, en el ámbito de su aplicación planteaba no pocos problemas, sobre todo problemas de número. Veamos. Cuando se promulga la LOE, en diversas comunidades autónomas se echan las campanas al vuelo y la prensa anuncia gozosa que los estudios artísticos superiores tendrán rango universitario, y recogen las declaraciones de responsables educativos que anuncian la promulgación de leyes y la creación de institutos. Pero el problema estaba en el número. Así, un periódico local anunciaba en un caso que en la comunidad de referencia se verían afectados 800 alumnos/as. Y entonces apareció el problema real. ¿Crear un Instituto Superior para 800 alumnos/as? Incluso siendo mayor el número de alumnos y alumnas en otras comunidades, se corría el riesgo de crear una institución con unos costos sumamente elevados y además duplicando estructuras y servicios ya existentes, y todo para un número de usuarios realmente bajo, lo que daría lugar a un caso escandaloso de "elefantiasis institucional". ¿Qué sentido tiene crear en Galicia un Instituto de tales características cuando ya existen en la comunidad tres universidades, y todo para no más de 1200 alumnos/as?

La idea ahora recuperada de las “universidades de las artes”, propuesta nacida en Madrid al albur de una Comisión de trabajo creada en el Ministerio en tiempos de Esperanza Aguirre, presenta los mismos problemas, pero no sólo de número. Las cifras siguen siendo las mismas, bajas en la mayoría de los casos, si bien hay comunidades que pueden llegar a tener más de 3.000 alumnos/as matriculados en enseñanzas artísticas superiores. Pero además hay que considerar los requisitos legales para crear una universidad, y los elevados costos que implica su puesta en marcha. Entre los requisitos, veamos uno de los más importantes:

El Rector será elegido por el Claustro, o por la comunidad universitaria mediante elección directa y sufragio universal, según indiquen los estatutos de cada universidad, entre funcionarios en activo del Cuerpo de Catedráticos de Universidad que presten servicios en ella.

¿Cómo habremos de nombrar al Rector/a de esa Universidad de las Artes? ¿Entre profesores/as catedráticos/as de qué cuerpo? ¿Del cuerpo de música y artes escénicas?

Evidentemente alguien dirá que urge una Ley Orgánica de Enseñanzas Artísticas Superiores y una nueva normativa para crear universidades de las artes. ¿Cómo? ¿Vamos a tener dos tipos de universidades, unas con una normativa y otras con otra? ¿Qué dirán en la CRUE? Pues dirán lo evidente, que no se puede otorgar el mismo reconocimiento a dos tipos de institución que no cumplen los mismos requisitos. Así de sencillo. Entonces tendemos universidades con estudios de grado y posgrado y universidades de las artes con estudios equivalentes al grado y al master. Es decir, volvemos al punto de partida: degradados y además, para más sofoco, en universidades de segunda, o de tercera, según las comunidades.  

Pero, con todo, queda la pregunta del millón. En las actuales circunstancias económicas, ¿hay alguna comunidad autónoma que se atreva a crear una institución redundante para atender un número tan reducido de usuarios en virtud de un supuesto protocolo ecológico según el cual esas enseñanzas sólo pueden sobrevivir en ese nicho y no en otro? ¿Es que la clase política no sabe que las artísticas superiores ya están integradas en muchas universidades del mundo sin que esa pertenencia a la universidad haya socavado sus fundamentos? Basta con mirar a Argentina, a Colombia, a México, a Inglaterra..., para tomar conciencia de que las artísticas superiores pueden desarrollarse plenamente en la universidad sin necesidad de nichos ecológicos exclusivos, sino que ese nicho ecológico es posible en el propio espacio universitario. Y otra pregunta inocente: ¿quién precisa de verdad el nicho ecológico, el cuerpo que ocupa la silla, la cabeza que quiere la corona?

EL PRESENTE Y NUESTRA APUESTA

¿Cuáles son los problemas que tenemos ahora mismo en los centros superiores? Sin ánimo de ser exhaustivos veamos los más importantes.

Las sentencias del Tribunal Supremo nos dejan sin la titulación de Grado. Varias asociaciones de centros, dos al menos, pisan moqueta roja y acuden a entrevistas en el Ministerio donde se les comunica que hay que acatar la sentencia y se insinúa que la solución al problema pasa por publicar un Real Decreto que restituya lo establecido en la LOE: (a) título superior en música, danza y arte dramático, equivalente a grado universitario, y (b) título superior en restauración, artes plásticas y diseño que será “equivalente a todos los efectos al título universitario de Diplomado o el título de Grado equivalente” (¡Ojo con esto!). No parece que de forma inmediata se vaya a producir una modificación de la LOE dado que el Gobierno tiene en cartera proceder a una reforma mayor de la norma. Tan sólo hay que publicar el citado Real Decreto que modifique los artículos declarados nulos del RD 1614/2009 y aumentar el catálogo de titulaciones incluidas en el Real Decreto 1027/2011, de 15 de julio, por el que se establece el Marco Español de Cualificaciones para la Educación Superior. Y aquí, puede haber sorpresas.

Es entonces más que previsible que para septiembre de 2012 los actuales grados dejen de serlo y pasen a ser títulos superiores o grados artísticos equivalentes a todos los efectos a grados universitarios, y los alumnos y alumnas de nuevo ingreso se matriculen en las titulaciones contempladas en la LOE. No sabemos si finalmente las titulaciones en Conservación y Diseño serán titulaciones de 3 o de 4 años, es decir, si serán equivalentes a una diplomatura o a un grado universitario. Y la culpa, insisto, no fue del chachachá, sino de esa hermenéutica creativa que ahora se suma al carro de las universidades de las artes, como si las universidades fuesen churros, o porras. 

Tras la sentencias, las universidades podrán presentar a la ANECA títulos propios de las enseñanzas artísticas superiores aunque eso, a lo que parece, no debiera preocuparnos porque, como señalan numerosos expertos, las enseñanzas artísticas universitarias tendrán una componente eminentemente teórica y alejada de la realidad y de las prácticas artísticas (como ocurre con las ingenierías, las ciencias de la salud, las ciencias de la comunicación...). Eso generará una sana competición entre universidades y centros superiores en las que los últimos llevan las de ganar siempre debido a la antedicha orientación práctica de las enseñanzas. Claro que ese argumento de los expertos defensores de nichos ecológicos se cae por su propio peso pues en su día bien se ocuparon de establecer una adicional, la séptima en el RD 1614/2009, que limitaba las posibilidades de que las universidades pudiesen ofrecer títulos de las enseñanzas artísticas. ¿No es un poco contradictorio todo eso? Pues si la universidad es tan mala, tan mala, y peor, ¿a qué temer su competencia?

Los centros superiores seguirán siendo centros de secundaria pues a día de hoy en ninguna administración educativa del Estado se han puesto en marcha iniciativas para subsanar esas graves deficiencias derivadas de una equivalencia que sólo opera en el nivel de las titulaciones. Por mucho que pueda decir la Junta Directiva de ACESEA, la situación no lleva camino de cambiar incluso en el caso de que la supervisión de las enseñanzas se mueva de un departamento a otro. En efecto en su comunicado del 23 de diciembre la Junta Directiva de ACESEA señalaba:

Es cierto que, como algunos han señalado, las condiciones académicas, organizativas y laborales de nuestros centros y de nuestro profesorado siguen por debajo del nivel que les corresponde. En su momento, priorizamos la homologación de las enseñanzas por encima de estos aspectos, convencidos de que éstos vendrían rodados en una segunda fase. En ello estamos, tanto a nivel estatal como a nivel autonómico. Y urgimos a las administraciones competentes el impulso de esta segunda fase normalizadora.

Esta Asociación y algunos de sus más destacados dirigentes han señalado una y otra vez que esa equiparación de centros, alumnado y profesorado era cosa de poco tiempo, era cosa "rodada", y, sin embargo, todos sabemos que las comunidades autónomas una y otra vez señalan que esperan a que el Ministerio dicte una norma básica para ese desarrollo de un nuevo marco, que, en ningún caso, de producirse, supondría una equiparación con las facultades o escuelas universitarias, sino tan sólo aumentar la autonomía de los centros en la línea de lo que se ha hecho con los centros integrados de formación profesional. Poco más.

Y el alumnado y el profesorado seguiría ocupando un espacio intermedio entre los estudios superiores de formación profesional y los estudios universitarios, sin posibilidades de continuar estudios de posgrado en su especialidad de estudios y tan sólo con la dádiva de hacer un Master artístico equivalente al master universitario que no siempre permitirá el acceso al doctorado, en tanto cualquier comisión de un programa de doctorado puede demandar del solicitante la realización de créditos complementarios, como de hecho ocurre en numerosos casos, cuando el master cursado no se aviene exactamente con el área de conocimiento del programa de doctorado.

Esta es la situación a día de hoy, por mucho que desde las direcciones de los centros y de las asociaciones de centros, que ya no representan a la totalidad de los mismos, se insista en lo contrario y se exija la restitución de la denominación de grado, algo que es imposible a la luz de la sentencia. Y a día de hoy también sabemos que no existe ninguna posibilidad de que se dicten nuevas leyes que implican importantes inversiones.

La solución pasa, como hemos dicho tantas veces, por iniciar un proceso de adscripción e integración en la universidad, en tanto es la solución más inmediata, mas plausible y menos gravosa económicamente, pero sobre todo porque es la solución que mejor puede satisfacer las demandas de igualdad de derechos de los afectados.

Tan sólo es necesario que el Ministerio dicte una norma en la que se establezca que, para dar solución a las diversas problemáticas generadas tras las sentencias que declaran nulos varios artículos del RD 1614/2009, y para no causar graves prejuicios a terceros (el alumnado), e invocando lo establecido en el artículo 58. 4 de la LOE, las comunidades autónomas habrán de firmar protocolos con las universidades de su ámbito territorial para organizar la adscripción a las mismas de las enseñanzas artísticas superiores durante un período transitorio, tras el que las enseñanzas pasarían a la universidad. En esa norma el Ministerio también establecería un protocolo que, con carácter extraordinario, permitiría que en un plazo inmediato los centros superiores presentasen a la ANECA, a través de la universidad a la que estuviesen adscritos, una Memoria para la acreditación provisional de los grados ya implantados. La ANECA dictaría una acreditación transitoria para el grado y el centro correspondiente, indicando los aspectos a subsanar y los plazos para hacerlo, debiendo la universidad correspondiente supervisar el proceso. En un plazo de cinco años todos los centros estarían en disposición de presentar una nueva memoria para la acreditación definitiva de los grados y su integración en la universidad, poniendo fin al período transitorio.

Se trata de una solución posible, plausible, y sobre todo inmediata, dado que una negociación adecuada entre el Ministerio de Educación, la ANECA y la CRUE podría permitir establecer ese procedimiento con plenas garantías para las partes. De ese modo, a partir del 1 de septiembre de 2012 los grados quedarían restituidos.

La adscripción no es un procedimiento nuevo. La LOU ya lo ha previsto en su artículo 11:

1. La adscripción mediante convenio a una universidad pública de centros docentes de titularidad pública o privada para impartir estudios conducentes a la obtención de títulos de carácter oficial y validez en todo el territorio nacional requerirá la aprobación de la Comunidad Autónoma, a propuesta del Consejo de Gobierno de la universidad, previo informe favorable de su Consejo Social.

3. Los centros adscritos a una universidad se regirán por lo dispuesto en esta Ley, por las normas dictadas por el Estado y las Comunidades Autónomas en el ejercicio de sus competencias, por el convenio de adscripción y por sus propias normas de organización y funcionamiento. El comienzo de las actividades de los centros adscritos será autorizado por la Comunidad Autónoma.

A lo largo de los últimos años se han realizado numerosas adscripciones que han derivado en integraciones finalmente. No se trata de un procedimiento nuevo, insistimos, y uno de los ejemplos que mejor puede servirnos es el de los Institutos Superiores de Educación Física. Tal vez el caso del INEF de Coruña pueda ser interesante por cuanto se trata de un centro de dimensiones medias, equivalente a muchos de los actuales centros de artísticas superiores. Su integración en la Universidad de La Coruña ha sido sumamente positiva sin que esa integración supusiese un detrimento en la orientación de los procesos de enseñanza y aprendizaje, sino que los mejoró sensiblemente, introduciendo el posgrado específico, y además permitió incrementar significativamente las actividades de competición y de investigación. Las condiciones del profesorado y del alumnado han mejorado sensiblemente como lo han hecho sus instalaciones.

La adscripción debiera hacerse por centros y no por grados, de modo que los centros pudiesen mantener su autonomía, si bien tendrían que adaptar sus pautas de funcionamiento a la norma universitaria, con lo que definitivamente dejarían de ser centros de secundaria y pasarían a funcionar como facultades; ello implicaría igualmente que el alumnado pasaría a tener los derechos y los deberes del alumnado universitario. Y esto último es transcendental porque en estos momentos nuestro alumnado está siendo discriminado negativamente, en ocasiones incluso manipulado en defensa de intereses corporativos de unos pocos. Lamentable.

Todo ello evitaría, además, que el Ministerio y las administraciones educativas tuviesen que generar nueva normativa en la dirección señalada por ACESEA, pues esa normativa ya existe y es la que rige en la universidad. El Mediterráneo ya está descubierto, amigas y amigos.

Las ventajas de la integración las resumía José Luis Miralles Bono en un documento magnífico “¿Universidad sí o no?” publicado en el blog de la Plataforma por la Integración de las EEAASS en la Sistema Universitario. Ahí aparecen sintetizadas ideas básicas que desmontan cualquier negación de la vía universitaria. 

Quedarían cosas importantes a determinar, pero la mayoría, las más importantes ya se han trasladado a ese documento que titulamos “Bases para un proceso de Integración”. Y entre esas cosas, las menos importantes son las que atañen al profesorado, seamos serios, pues el profesorado funcionario tendrá la opción de integrarse en los cuerpos universitarios cumpliendo los requisitos que correspondan, o quedar en una escala a extinguir, tal y como ha ocurrido en el pasado y ocurre en la actualidad. El profesorado interino habrá de cumplir los requisitos necesarios para poder optar a una plaza de profesor titular tal y como hacen tantos y tantos profesores y profesoras. Es decir, todo está previsto por la norma en vigor. Lo único que se habrá de salvaguardar es la docencia, y en eso tal vez los más interesados sean los propios Rectores y Rectoras que seguramente deseen tener titulaciones competitivas que destaquen por la excelencia y no titulaciones refugio en las que aparcar profesorado excedente. Concedamos a los demás la misma inteligencia que nos otorgamos, por favor. Y esa salvaguarda de la docencia se logra creando en cada centro adscrito el departamento correspondiente, como ocurrió en el INEF de La Coruña, donde tenemos un Departamento de Educación Física que agrupa la docencia propia del área de la Educación Física, y así la gestionan sin intromisiones de otras áreas.

Sin embargo, y frente a temores infundados, el profesorado tiene mucho que ganar pues sus condiciones laborales mejorarán sensiblemente a corto plazo. Pero además, podrá crear o participar en grupos de investigación, compatibilizar su función docente con sus actividades artísticas (¡y esto es muy importante!), o disfrutar de unas condiciones de trabajo que mejorarán notablemente su docencia, su investigación y su actividad profesional. ¿Qué más cabe pedir? Pues sí, claro está, también en eso mejoraremos: la integración en la universidad supondrá un notable incremento salarial. ¿Estamos, pues?


CÓMO NOS ADSCRIBIMOS, CÓMO NOS INTEGRAMOS

La respuesta está en las Bases, que en breve comentaremos, aunque en este blog ya hemos editado unas glosas a las bases, que pueden servir para ir haciendo boca. Hasta pronto.

Continuará…

sábado, 17 de marzo de 2012

Enseñanzas artísticas superiores. ¿Degradados?

Enseñanzas artísticas superiores. ¿Degradados?

No somos, ni seremos, grado.
La hora de la verdad y la hora del coraje

MF Vieites
ESAD de Galicia
Universidad de Vigo


Es hora de comenzar a llamar a las cosas por su nombre. A lo largo del último mes y medio hemos trasladado a este especio diversos trabajos en los que dábamos razones para reclamar la integración de las Enseñanzas Artísticas Superiores en la Universidad, tras un período transitorio de adscripción.

Entre tanto ha tenido lugar la asamblea de ACESEA y la constitución de una Plataforma por la Integración en la Universidad. De la primera poco hay que decir, solo que la Junta Directiva, que en los días previos había desestimado sin consultar a las bases la posibilidad de la universidad (y a su manifiesto me remito), se presentaba a la asamblea negando la mayor y suscitando una declaración final en clave posmoderna en la que ofrecía un verdadero potpurrí de opciones, desde la equiparación a la universidad (sic.) hasta la creación de universidades de las artes (sic.)

Ya dijimos en otro momento que esa posibilidad, la de una universidad de las artes, no deja de ser un brindis al sol, como lo es la propuesta de una Ley Orgánica de Enseñanzas Artísticas Superiores, pues ambas medidas suponen dar un rodeo de miles de millas para llegar al mismo punto al que podríamos llegar dando un simple paso. Reclamar una Universidad de las Artes es legítimo, pero hacerlo haciendo ver que es la cosa más sencilla no deja de ser un mecanismo dilatorio para que todo siga igual. La normativa para la creación de una universidad es de todos conocida en el articulado de la LOU, y el proceso de su creación complejo, pero sobre todo costoso, demasiado costoso, cuando además el número de alumnado y profesorado en el mejor de los casos, no da, a nivel de cada autonomía, para poco más de dos facultades o escuelas superiores: una de música y artes escénicas y otra de diseño y restauración, con sedes en varias ciudades y una red mínima de centros. Escuelas o facultades que vendrían a ser una versión factible y plausible de los "institutos" de Embid Irujo, solo que dependientes del Rectorado correspondiente de la universidad de turno.

En momentos en los que el gobierno central y las comunidades autónomas realizan un contundente recorte y en que se produce el cierre de fundaciones, entes autónomos, centros de formación, ayudas varias, centros de atención sanitaria, proponer una "universidad de las artes" no deja de ser, con todos los respetos, un ejercicio de idealismo idílico. Sobre todo pensando en que, insisto, en muchas comunidades autónomas la integración de los centros en las universidades no supondrá más que la creación de Escuelas Superiores de Música y Artes Escénicas o de Escuelas Superiores de Conservación y Diseño, incluso de Escuelas Superiores de Enseñanzas Artísticas, que operarían como facultades, con sus decanos/as y vicedecanos/as y dependientes en lo administrativo de los servicios centrales de la universidad. Una opción de bajo costo, que a los centros supondría dejar de ser espacios de secundaria en virtud de la aplicación del Artículo 11 de la LOU, cuestiones que ya han sido tratadas por extenso en este blog. 

En el fondo lo que ACESEA propone, y lo que otras voces proponen, es que todo siga igual, intentando lograr algunas mejoras mínimas en la gestión de los centros, pero poco más. Que todo siga igual, incluso en el caso del título, pues a estas alturas la inmensa mayoría de los equipos de dirección saben que el alumnado se ha quedado compuesto y sin grado, que no hay ni habrá grado, pero siempre queda el consuelo de que el título que haya de ser será equivalente al grado, y eso le importa bien poco a los equipos de dirección y a un profesorado que en muchos casos está ejerciendo pura y duramente su visión corporativa del asunto, tal y como lo hace ACESEA, en tanto muchos directores y directoras se presentaron en Madrid sin haber consultado ni al claustro ni al consejo escolar, y fijando posición de motu propio, y en algunos casos reclamando su derecho a hacerlo así. A eso se llama defensa de parte saltándose a la torera el bien común.

ACESEA propone mirar al pasado, ya lo hemos dicho, y ahora recupera viejos documentos en los que supuestamente la asociación habría apostado decididamente por la universidad, pero que, curiosamente, han permanecido ocultos u olvidados hasta ese momento, e incluso plantea la posibilidad de contemplar la vía universitaria. Y en estos momentos lo que precisamos es proponer al Ministerio una solución clara y concreta, no iniciar un ejercicio exploratorio que nos lleve a consumir un nuevo ciclo de varios años.

Decimos que los alumnos y alumnas se han quedado compuestos y sin grado, y así se quedarán, porque lo que los alumnos y alumnas debieran saber es que representantes de varias asociaciones de centros ya han pisado moqueta roja en el Ministerio y se les ha dicho con claridad que donde ahora dice “grado” dirá en breve “título superior”, o, a lo sumo, “grado artístico”, pero nunca grado. Y después, ¿qué pasará después? Pues que todo seguirá igual, con centros de secundaria impartiendo “grados artísticos” y con los mismos problemas de siempre, con una equiparación académica a todos los efectos, pero sin equiparación de ningún tipo en todo lo demás. ¿Y todos contentos? En muchos casos sí. ¿Y el alumnado?

Los que luchan por mantener su silla operan con esa lógica perversa de entender que estamos ante una cuestión puramente nominal, y que todo lo demás habrá de llegar tarde o temprano. Incluso hablan de que tenemos un vaso medio lleno que pronto se habrá de llenar por completo. ¿Cuándo? Desde la promulgación de la LOGSE, y del Real Decreto 754/1992, las escuelas superiores de arte dramático llevan esperando veinte años a que se diesen pasos en esa equiparación organizativa y financiera que fuese más allá de la equivalencia de títulos. Siguen esperando, y seguirán.

Y mientras tanto en nuestros centros no hay buenas bibliotecas, ni personas que las atiendan, los alumnos no tienen ni becas ni residencias ni ayudas similares a los de sus compañeros y amigos de universidad, los profesores tienen una jornada laboral que les impide mantener activa su carrera artística, el personal de administración y servicios es insuficiente, las dotaciones e infraestructuras son menos que básicas, y el financiamiento es lo que es, en casos inferior al del instituto de al lado… Y podríamos seguir señalando deficiencias. Y aún siendo así en la inmensa mayoría de los casos todavía hay equipos de dirección, profesorado y alumnado, que entiende que la solución pasa por gritar “somos grado”, olvidando que la condición del grado no es una cuestión puramente nominal, pues tiene que ver con el marco en el que se ubican las enseñanzas. A ver si acabamos de entender esto, tal y como señala la normativa del EEES. Y en todo eso está jugando un papel muy importante un sector del profesorado que traslada al alumnado medias verdades, entre ellas una visión anacrónica, extemporánea, caduca, inapropiada, sesgada e inverosímil de la universidad, ocultando que otros procesos de integración (INEF de Madrid) han funcionado a las mil maravillas.

Ha llegado la hora de la verdad, la hora de planearle al Ministerio que ante el problema generado por los amantes de la hermenéutica creativa (la culpa no fue del cha-cha-chá) caben dos opciones: (1) dejar las cosas como están para los centros que así lo decidan que ofrecerán una titulación contemplada en la LOE, y (2) favorecer y promover la integración en la universidad de los que así lo quieran, y que en buena lógica ofrecerán títulos de grado y posgrado (doctorado incluido). El Ministerio puede hacerlo haciendo valer el artículo 58.4 de la LOE, y haciendo una pequeña modificación en el RD 1027/2012 que establece las titulaciones del EEES, en el que habrá que incluir el “Título superior equivalente a grado”. Es la solución más barata, más inmediata y más fácil, la que menos generación legislativa implica, la que permitiría decir al instante que volvemos a ser grado.

La Plataforma apuesta decididamente por la integración en la universidad, con un mensaje preciso y diáfano. Y pide una adscripción inmediata, lo que permitiría que los títulos sigan siendo de grado.

¿Degradados? Depende de lo que quieras, depende de ti. Si quieres grado, Let’s University.