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miércoles, 29 de junio de 2011

De la pedagogía teatral...


De la pedagogía teatral: disciplina académica, área de conocimiento y especialidad de estudios

Manuel F. Vieites
ESAD de Galicia

Encuentra este artículo completo en la revista ADE/Teatro, número 136.


Entre algunas otras noticias positivas que nos deparaba el Real Decreto 630/2010, que regula los estudios superiores de Grado en Arte Dramático, siendo una de ellas esa consideración del grado, tal vez una de las más transcendentes sea la inclusión, como materia de formación básica, de la denominada “pedagogía”. Transcendente por cuanto viene a señalar un campo profesional relevante, pero también porque su inclusión permite que la norma sea en algunas cuestiones consecuente con lo establecido en su articulado. Así, esa inclusión permite cumplir lo establecido en relación con el perfil profesional de los titulados en las especialidades contempladas para el Grado en Arte Dramático, en tanto para cada una de ellas se señala que “este profesional estará capacitado para el ejercicio de la investigación y de la docencia”. Pero si tiene que estar capacitado al final de su periodo de formación, habrá de capacitársele, y eso normalmente se hace mediante procesos de enseñanza y aprendizaje. No ocurre lo mismo con la capacitación para la investigación, al menos si entendemos la investigación en su dimensión científica y/o artística.

En este trabajo nos proponemos indagar lo que pueda ser la “pedagogía teatral”, considerando las muy diversas manifestaciones de lo que cabría denominar “educación teatral”, pues ésta, en efecto, ni comienza en la educación primaria ni termina en la formación superior. Como señalamos en el título, el sintagma pedagogía teatral puede hacer referencia a tres ámbitos relacionados pero diferentes. En primer lugar cabría hablar de una disciplina, en la que el substantivo señala un corpus teórico, metodológico y práctico de referencia, y el adjetivo señala un campo de prácticas artísticas al que se aplica ese corpus; en segundo lugar cabría hablar de un área de conocimiento en la que podríamos situar varias disciplinas que se ocupan de la enseñanza teatral; finalmente podríamos considerar una especialidad de estudios orientada a la formación de educadores teatrales que desarrollarían su ejercicio docente en determinados niveles educativos pero también en otros ámbitos de la educación menos regulados y formalizados.

Son muchas las cuestiones a considerar y por ello en este trabajo nos limitaremos a señalar las más importantes, dejando abiertas varias líneas de trabajo que en su desarrollo requieren del concurso de personas procedentes de campos muy diferentes. Bueno sería que poco a poco fuésemos configurando una comunidad de trabajo en torno a un tema tan importante en el desarrollo del sistema teatral, pero también en la mejora de nuestro sistema educativo.



El sintagma “pedagogía teatral” se ha venido utilizando de formas muy diversas, y no siempre atentas, en nuestra opinión, al campo fundamental que invoca, que no es otro que el de las “ciencias de la educación”. Así, no es infrecuente escuchar frases como “mi pedagogía” en las que el hablante refiere una determinada forma de hacer, lo que entonces nos sitúa en el territorio de las metodologías, de la didáctica en suma de una determina materia. Carlos Manuel Vázquez Lomelí (2009) nos ofrece una aproximación a esas diferentes formas de entender el sintagma.

Una de las primeras ocasiones en las que se formula en España el concepto será en 1977, cuando en el Instituto Nacional de Ciencias de la Educación en Madrid se celebran unas jornadas en torno al teatro escolar. Y el número 6 de la revista Pipirijaina, de 1978, recogía parte de las conclusións de aquellos debates en los que se reclama una formación específica de profesionales capacitados para desarrollar “en condiciones óptimas” la práctica teatral en el medio escolar, lo que suponía reconocer la dimensión educativa, más que artística, de la práctica teatral escolar, razón por la que se sugería ese sintagma, el de “pedagogía teatral”. Pero en ese mismo documento histórico también se proponía que, en función de la necesidad de esa formación específica muy especializada, se constituyese en las Escuelas Universitarias de Formación del Profesorado una especialidad en  Pedagogía Teatral, si bien también se hacía referencia a los “Centros Dramáticos”  y a los Institutos de Teatro como espacios en los que desarrollarla.

Se venía a decir en aquel documento que la “pedagogía teatral” vendría a ser tanto una materia como una especialidad de estudios, lo cual no es poco, si bien se vinculaba fundamentalmente con los niveles de la enseñanza obligatoria, una visión que sigue imperando hoy en día en algunos ámbitos, particularmente en la obra de aquellos autores que más se vinculan con la educación teatral en la educación infantil, primaria o secundaria, o con la formación de formadores en ese ámbito (Laferrière, 1997). Incluso en países en los que la educación teatral está muy regularizada, se utiliza el sintagma “teatro en educación” para referir ese campo de prácticas educativas que se vincula con la enseñanza obligatoria (Jackson, 2006). Sin embargo, algunos autores han intentado ampliar el marco para vincular la pedagogía teatral con la educación superior (Fliotsos y Medford, 2004), si bien habremos de reconocer que esa vinculación se produce fundamentalmente en aquellas facultades de educación o escuelas de teatro en la que se ofrecen titulaciones para la formación de educadores teatrales para la enseñanza obligatoria.

En buena medida el interés por la pedagogía general se desarrolla en escuelas de primaria y secundaria o en centros de formación del profesorado que se ocupan de esos niveles educativos. Las experiencias pioneras de Harriet Finlay-Johnson o Caldwell Cook en Inglaterra (Bolton, 1984), de Winifred Ward en Estados Unidos de América (McCaslin, 1985), o de Léon Chancerel en Francia, suponen propuestas decisivas en el desarrollo de una dimensión educativa para prácticas teatrales y dramáticas que van a generar el desarrollo de dos grandes líneas de trabajo, la centrada en la expresión dramática y la centrada en la expresión teatral, bien analizadas por Peter Slade (1954) o más recientemente por Jean Claude Landier y Giséle Barret (1991). La bibliografía que se ha venido publicando desde entonces en diferentes lenguas es muy considerable, pero al mismo tiempo en diferentes países se han venido realizando numerosas investigaciones y defendiendo muchas tesis de doctorado. En la mayoría de los casos estos trabajos científicos se orientan a explorar la dimensión educativa de eso que denominamos expresión dramática y expresión teatral. En consecuencia, en muchas ocasiones hablar de pedagogía teatral supone hablar de aquello que ocurre en esos niveles educativos. Isabel Tejerina publicaba en 1994 un libro interesante sobre el tema, que se podría complementar con aquel que Richard Courtney titulaba Play, Drama & Thought, con el sugestivo subtítulo de The Intellectual Bacground to Dramatic Education.


Las cuestiones pedagógicas han estado ausentes de los centros de formación teatral, es decir, de las escuelas profesionales, sean escuelas superiores, conservatorios o facultades, pero no así de esos centros superiores que se ocupan de la formación de educadores teatrales...