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lunes, 21 de marzo de 2011

Para la historia de la educación teatral


Algunos relatos de la RESAD

MF Vieites

Reseña publicada en la revista ADE/Teatro

En la Historia de la Educación, al menos en España, país tan atrasado en tantos campos, tiene especial relevancia la Historia de la Educación teatral, ámbito en el que tantas cosas quedan por hacer, si bien ya hemos avanzado algo en lo referente al estudio de los manuales de declamación, entendidos como materiales didácticos o manuales escolares. En esa Historia de la Educación teatral caben muchas perspectivas, pues los objetos posibles de investigación son múltiples. Entre ellos está la historia de las instituciones que se han ocupado y se ocupan de la educación teatral. Y no hablamos sólo de las escuelas de declamación, teatro, o arte dramático, sino de muchas otras instituciones y espacios que, en el pasado siglo o en el anterior, han desarrollado experiencias interesantes e incluso fundacionales.

Entre las experiencias e instituciones fundacionales destaca con luz propia la Real Escuela Superior de Arte Dramático de Madrid, que, con todo, no nace, como nos lleva a pensar el título de este trabajo, en 1831. Lo que nace en 1831 es la Escuela de Declamación Española, que tras la Ley Moyano de 1857 pasa a ser el Real Conservatorio de Música y Declamación. La historia de ese tránsito, como nos recuerda Ángel Martínez Roger, ha sido objeto de diferentes estudios, entre los que destacan los realizados por Juanjo Granda en torno a la génesis de la RESAD, y no debemos olvidar el que Guillem-Jordi Graells dedica al Institut del Teatre, creado en 1913, si bien con una denominación diferente a la actual. Pero se trata de historias más próximas, que derivan de otras anteriores, de las que nos da cuenta Guadalupe Soria Tomás a lo largo de las páginas de este estudio sobre la formación actoral en España, que se centra en aquellos primeros años en los que se asientan los principios de lo que hoy constituye parte substantiva de las enseñanzas artísticas superiores: los estudios de música y declamación. 

Como señala Luciano García Lorenzo en el prólogo, esta investigación da cuenta del esfuerzo y del trabajo permanente por dignificar y desarrollar las enseñanzas teatrales. Y hemos de observar que España en algún momento quiso ser avanzadilla, si bien nuestra aciaga historia, a lo largo de más de siglo y medio, nos situó en la retaguardia. En efecto, no debemos olvidar que la Royal School of Dramatic Art de Londres tiene antecedentes en la Academy of Acting, la escuela que crea en 1904 el director de escena y empresario de paredes Herbert Beerbohm Tree, o que por esas mismas fechas se celebran reuniones y se editan documentos reclamando lo que años más tarde sería el National Theatre, un Teatro Nacional del que en España comienza a hablarse mucho antes, como podremos leer en las páginas de este estudio.

Claro que todas aquellas propuestas inaugurales llegaban de la mano de los más destacados representantes de la Ilustración española, tan influidos por el pensamiento más avanzado de la vecina Francia. Como relata la profesora Soria Tomás, entre finales del siglo XVIII y principios del XIX, en España se produce un interesante debate en torno a la reforma de los teatros en la que la educación teatral cobra, por primera vez, especial relevancia, tal vez porque, a diferencia de lo que ocurría en el Barroco, la educación pasa a ser cuestión fundamental y prioritaria en el programa ilustrado. Y ahí tenemos el informe Concordet de 1792 como muestra clara y precisa del potencial que aquellos primeros modernistas concedían a la educación.

Estamos ante un estudio que acierta a señalar los elementos fundamentales que cabe considerar en una investigación educativa. Y así, a lo largo de sus páginas, encontramos numerosas consideraciones en torno al alumnado, al profesorado, a los materiales (tratados de declamación), a los métodos, a las normativas (reglamentos), a los planes de estudio y a todas aquellas cuestiones, mayores o menores, que configuran la vida académica y administrativa de un centro educativo. No faltan referencias a la vida artística de los profesores y maestros, ni noticias de cómo el alumnado se integraba en la vida profesional. Especial interés tienen además las noticias referidas a los espectáculos elaborados en la Escuela de Declamación Española y a la necesidad de articular una compañía propia, que tal vez en su día pudiera ser el germen del tan ansiado Teatro Nacional, que tantos años tardaría en hacerse realidad. No tienen menor interés las múltiples anécdotas que contiene el texto y que nos hablan de lo que fue el proceso de legitimación e institucionalización de un centro que desataba pasiones encontradas.

Cuenta el volumen con una adecuada organización de los contenidos, que se van desgranando a lo largo de los veintiséis años que median entre 1931 y 1957, aunque la investigación se adentre en antecedentes y consecuencias, con lo que el período considerado aumenta, sobre todo teniendo en cuanta el importante aparato crítico que nos da cuenta del rigor y de la extensión del trabajo de documentación. Todos y cada uno de los capítulos y apartados tienen interés y relevancia, todos nos ofrecen importantes datos para conocer y analizar el desarrollo de las artes escénicas en España, sea en relación con la educación de sus actores y actrices, sea en la relación que esas artes tenían con sus entornos, sean físicos sean intelectuales, pues sabremos de la forma en que el teatro español se relacionaba con otros teatros en cuestiones de repertorio, estilos escénicos o organización del campo. Y como colofón una bibliografía muy actualizada.

Si bien todo el libro tiene un interés notable, creo que resultan particularmente interesantes dos líneas de trabajo que lo recorren de forma incesante. De un lado la vida y obra de los grandes maestros, desde Julián Romea hasta Ventura de la Vega, en tanto supone recoger y actualizar datos importantes de nuestra historia teatral y de la peripecia de sus creadores y emprendedores. Del otro, todo lo relativo a reglamentos y normativas que afectan no sólo a la vida del centro educativo y a las de sus usuarios, sino también a las vicisitudes de un sistema teatral en proceso de configuración.

Esta última cuestión adquiere especial relevancia pues transcurridos tantos años desde aquellas primeras tentativas para el arreglo de los teatros, tal vez cabría considerar en qué medida nuestros teatros y nuestros centros de formación han adquirido o no una determinada posición en el campo cultural y educativo. No deja de ser curioso que el último capítulo de este estudio se oriente al análisis de la consideración social de actor en el período que contempla. Y todo ello nos lleva directamente al presente. De ahí su doble eficacia, de un lado ilumina una parte de nuestra historia y del otro nos sitúa ante los problemas del presente y las incertidumbres del futuro.

Estamos pues ante un trabajo de excepción, en su diseño y elaboración y en su ejecución, pues está escrito, y esto tal vez sea aún más importante, con un estilo que, sin renunciar al tono erudito, siempre importante en una investigación académica, se sitúa en esa tonalidad divulgativa que siempre agradecen lectoras y lectores. Un libro que debieran leer muchas personas, si bien somos conscientes de que vivimos una época en la que el conocimiento ha dejado de ser un bien preciado y valorado. Nuestra enhorabuena a todas las personas que de una u otra forma han tenido algo que ven en la realización y edición de este trabajo, pero muy especialmente a su autora, la profesora Guadalupe Soria Tomás, por esta magnífica contribución para el desarrollo de la Historia de la Educación teatral, y de la propia Historia del Teatro.

Soria Tomás, Guadalupe: La formación actoral en España. La Real Escuela Superior de Arte Dramático (1931-1957). Madrid: Fundamentos, 2010, 445 páginas.