un espazo para o estudo da conduta dramática / da pedagoxía teatral

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domingo, 23 de mayo de 2010

de la teatrología a la dramalogía




De la Teatrología: ¿Disciplina o marco disciplinar? Noticia de un trabajo en proceso

Manuel F. Vieites


Asunción de roles en el antiguo Egipto


[…]

En buena medida, mi deseo de ser parte del universo del teatro, hizo que me tuviese que hacer un pequeño sitio en ese mundo, al menos en el plano teórico, y así también me fui acercando a la idea de sistema. Y a todo ello ayudó finalmente un libro fascinante de Raúl H. Castagnino, editado en 1967 y titulado Teoría del teatro.

Y todas esas reflexiones comenzaron a tomar cuerpo para mí cuando, fruto de un dilatado aprendizaje en torno a la Didáctica de la expresión dramática, me planteo considerar el desempeño de roles y eso que se podría denominar “conducta dramática”, base de una expresión dramática que se vincula con la vida, y que supone el fundamento de lo que será una expresión teatral que se vincula con el arte. En esas andaba a mediados de los años ochenta al intentar definir lo que pudiera ser la Expresión dramática como disciplina. Y ahí entró en juego Roman Jakobson al que uno recordaba de sus tiempos de estudiante de filología. El profesor Jakobson propone un modelo que parte de un esquema elemental que se utilizaba en los estudios sobre la comunicación, las teorías de la información, la cibernética o la incipiente Teoría General de Sistemas:

Un emisor emite un mensaje, elaborado en función de un código (o lenguaje), por medio de un canal (o varios), y ese mensaje se dirige a un receptor que lo descodifica. Es importante la idea de contexto. Sobre este modelo se harán muchas variantes, primando el estudio del emisor, del receptor, del mensaje, la bidireccionalidad, la retroalimentación… Para nosotros la idea importante era introducir el concepto de rol, porque así llegamos al concepto de conducta dramática, porque si el mensaje es importante, en la comunicación es muy importante el rol desde el que se emite, en tanto ese rol afecta a los restantes elementos del proceso de comunicación y puede modificarlos y modificarlo de forma substantiva... Y entonces asoma Erving Goffman o Jacob L. Moreno, aunque también Carlos Martínez Bouquet o Jaime Rojas Bermúdez.

Pero no vamos a continuar por ahí. Tiempo habrá en otras ocasiones. Ese sería el campo de lo que decimos “dramalogía”, por el que también transitamos con no pocas dificultades. Sobre ello habremos de volver porque forma parte de este trabajo ahora en proceso. Volvamos entonces al sistema…

El teatro se puede estudiar en su doble articulación (conducta dramática y conducta teatral) y en función de los diferentes procesos (expresión, recepción, percepción, memoria….) que entran en juego, lo que nos lleva al territorio de la Psicología y a una no formulada Teoría de la Expresión y de la Comunicación Teatral, que también podríamos considerar como Dramalogía, y de la que nos volveremos a ocupar más adelante…

La Teoría General del Teatro sería aquella que vendría a explicar su objeto de una forma global y sistemática, pero también sistémica porque en definitiva esa explicación, que parte de una descripción, también sería aplicable al sistema teatral. Habría de definir los rasgos pertinentes del teatro como hecho social, cultural, histórico y artístico, y formular adecuadamente una teoría del espectáculo, entendiendo que éste es uno de los elementos en torno al que confluyen todos los demás. Debiera analizar con detenimiento las características y trazos definitorios de la expresión teatral, señalando sus elementos de significación, y considerar igualmente todo el desarrollo de una dramalogía, o estudio sistemático de la conducta dramática.

No olvidemos que el magnífico comienzo que Peter Brook le dio a su libro El espacio vacío, presenta un problema capital. Dice Brook que para que el teatro pueda ser sólo necesita un espacio vacío por el que camine un hombre mientras otro le mire, y eso sólo no basta, porque ese acto mínimo puede ser el inicio de un partido de tenis, la llegada a clase de un alumno, el pase de un modelo, la irrupción de un bañista en un río ante un pescador. Para que el teatro sea, es necesario que un hombre asuma la función de actor y el otro la función de espectador, y entonces aparece la convención. Ya no nos situamos en el territorio de lo real, sino en el territorio de la ficción; en el primer caso tendríamos conducta dramática, vida creada; en el segundo conducta teatral, y vida re-creada. Precisamente en esa confusión se asientan las propuestas de teatro invisible de Augusto Boal, en tanto que los actores fingen no serlo mientras que los espectadores lo son sin saberlo. He ahí la diferencia entre expresión dramática, ámbito de la conducta, y expresión teatral, ámbito del arte.

La Dramalogía, elegimos este nombre para no generar confusiones con denominaciones anteriores como la Dramatología (para nosotros Teoría del Texto Dramático) o la Dramaturgia, sería entonces un área del saber que se ocuparía del estudio sistemático de lo que denominamos conducta dramática, caracterizada por la expresión y la comunicación desde el rol. Una conducta que, dándose entre los personajes, es la base de la expresión teatral, actores que interpretan personajes frente a un público que mira. En el cuadro correspondiente mostramos cómo se concretan esas dos modalidades de conducta y de expresión y que están en la base misma del hecho teatral, sumado a esa asunción de la convención por parte de los elementos centrales, como diría Grotowski, el actor y el espectador…

No vamos a avanzar más en la dirección de esa Dramalogía, disciplina a la que dedicaremos un estudio específico en breve y nos centraremos más bien en la antes mentada Teoría General del Teatro…


Rodríguez, Carlos & Vieites, Manuel F. (eds.): Teatrología: nuevas perspectivas. Homenaje a Juan Antonio Hormigón. Ciudad Real: Ñaque Editora. 429 páginas.